Nuestro segundo día llegó tras una tranquila noche, en la que paseamos por los alrededores para tomar contacto nocturno con nuestro recién adoptado barrio, El Vedado.
Poco a poco empezamos a acostumbrarnos a la oscuridad, o mejor dicho, a la claridad de la luna.
Las parejas caminan a lo largo de la Rampa hasta el Malecón, y en la lejanía suenan ecos musicales. La juventud se concentra en un tipo de chiringuitos, situados a los largo del Malecón. No acerté a preguntar si era por un motivo especial o es algo habitual. Los chiringuitos llegaban hasta la Tribuna Anti Imperialista, y en ellos se sirve comida y bebida.
Al llegar la mañana nos decidimos a hacer un plan de visitas. Aún desconocíamos el hecho de que planear algo en La Habana se hace bastante difícil, debido al carácter espontáneo y anárquico de sus habitantes, lo que seguro es extensible a toda la isla.
Nuestro plan consistía en ir a la Universidad y luego a la Plaza de la Revolución. Estudiamos con atención el mapa del vestíbulo del Hotel, más acertado que el que teníamos.
Caminamos calle abajo, a lo largo de la Calle O, en dirección a la Universidad, donde nos encontramos con un hombre que se ofreció a enseñarnos algo nuevo y distinto. De esta manera inauguramos la tradición de desviar nuestro camino, y cambiar los planes, de acuerdo a las indicaciones de los diversos guías cubanos que te salen al paso durante el camino. Nos acompañó hasta el Callejón de Hamel, una calle restaurada por el artista del mismo nombre con elementos reciclados y un resultado muy original y colorido.
Luego caminamos por la calle San Lárazo, donde el abuelo de Aznar tuvo su vivienda mientras dirigía el ultra derechista Diario de La Marina, cerrado tras la Revolución.
Llegamos al Hospital Hermanos Ameijeiras, un enorme edificio donde, de acuerdo a las palabras textuales de nuestro acompañante, Eusebio, le hacían a los cubanos todo tipo de "reparaciones", en referencia a la diversidad de especialidades que trabaja. Es el hospital general.
La Habana tiene un gran número de Hospitales, divididos por especialidades, además de los servicios médicos y clínicas de distrito.
La medicina cubana está muy bien considerada mundialmente, sus profesionales se reparten por el tercer mundo en misiones solidarias. El sistema de salud ofrece servicios sanitarios subsidiados por el Estado a todos los cubanos, los cuales, la mayor parte, son gratuitos (nuestra salud pública se costea mediante los impuestos, por tanto no es gratis). Se practica la medicina preventiva, lo que implica tratar de impedir el desarrollo de las enfermedades, con el objeto de reducir al máximo el coste de los tratamientos curativos.
Esta medicina preventiva va dirigida a crear condiciones alimenticias y vitales óptimas, impedir el desarrollo de la obesidad, sedentarismo o tabaquismo.
En Cuba se han eliminado muchas enfermedades, que son causa principal de mortandad en la mayoría de los paises del tercer mundo, como por ejemplo, entre otras, el sarampión, la rubeola o la meningitis.
Gracias al trabajo realizado en este campo, se ha reducido la mortalidad infantil, hasta el punto de ser el país con la menor tasa de mortalidad infantil en América, superando a EEUU y Canadá. Incluso algunas informaciones apuntan a que es el país con la menor mortandad infantil del mundo.
Esto es insólito, teniendo en cuenta las condiciones en que debe desarrollarse el sistema, y los impedimentos y problemas que enfrentan, debidos a la situación económica derivada del bloqueo económico, de la problemática regional, de la guerra abierta contra su poderoso vecino yanky, y de otras muchas cuestiones, que continuamente analizan, y tratan de solucionar.
A pesar de la campaña feroz que han hecho los contrarevolucionarios cubanos, y los medios de des información masiva, para atacar al sistema de salud cubano, la mayoría de los cubanos están orgullosos de sus médicos y de su sistema sanitario. Y no encontrarás a nadie que lo menosprecie, por más que esté en desacuerdo con otros aspectos del sistema político y social.
Tras la visita hospitalaria, nos dirigimos a la Plaza de la Revolución, inmensa, donde se festeja el 1º de Mayo, y donde se hacen los actos festivos relativos a la Revolución.
En su centro se alza el Memorial a José Martí, en cuya cúspide hay un mirador. José Martí, el Apostol de la Patria Cubana, está presente en cada rincón de la ciudad. En esta plaza se encuentra el Ministerio del Interior, que tiene un enorme mural con la famosa imagen del Che Guevara, que tomara Korda, y la frase que el Comandante de los pobres hiciera histórica: "Hasta la victoria siempre", el Ministerio de Informática y Comunicación, donde se alza la hermosa imagen de Camilo Cienfuegos, el otro heroico comandante y gran amigo del Che, con su frase dirigida a Fidel: ¡Vas bien Fidel! Ambos son iluminados durante la noche.
La Biblioteca Nacional José Martí se encuentra a un lado de la plaza, es enorme, y contiene una importante colección de fondos bibliográficos, documentales y audiovisuales. El sistema nacional de bibliotecas rige un total de 411 bibliotecas en toda la isla.
El calor apremiaba, y nos despedimos de nuestro guía, para marcharnos en taxi al Morro. La fortaleza Española flanquea la ciudad, y puede considerarse un símbolo de resistencia histórico. El emplazamiento es idílico, y entrar en el conjunto cuesta un CUC, si no vas a visitar las instalaciones por dentro. Se compone de el Complejo de la Cabaña, de uso militar, y el Morro.
Nuestro interés en La Cabaña era dado por la visita al despacho de Ernesto Che Guevara, recién entrado en la Habana, tras la victoria. Contiene una pequeña exposición de objetos personales, y su despacho, con una foto en la pared del Comandante. Luego hay varias salas expositoras de temática militar, y una cafetería.
La imagen siempre joven, siempre hermosa, siempre profunda del Comandante se encuentra, igual que Martí, en toda la ciudad, y en toda la isla.
El Morro contiene una exposición que recrea la historia de la fortaleza española, por tanto, aquí se encierra, también, parte de nuestra historia.
La guía era una licenciada en Educación, que antes que guía había sido maestra, dejando este empleo por el que tiene actualmente, porque es en el sector turístico donde tiene posibilidad de acceder a la divisa (el CUC). Durante la visita se interesó por la imagen que teníamos de Cuba y de los cubanos, y qué pensábamos de lo que estábamos viendo. Era una chica muy preparada, y culta, que sin embargo no parecía valorar muchas cosas que su país le ha dado, y que no habría obtenido si hubiera nacido en cualquier otro país vecino, en peores condiciones que el suyo. Estaba muy preocupada por la situación económica que les hace depender de la divisa. Un hombre cordobés, que formaba parte del pequeño grupo, y con un fuerte sentimiento anti comunista, contribuyó a aumentar su pesar, cuando insinuó, mostrando un absoluto desconocimiento del pueblo cubano, y sobre todo, del contexto político y económico que rodea a la divisa, y a la dependencia económica de unos paises con otros, que la resistencia y la lucha diaria del pueblo cubano por su emancipación es indigna. La joven se refirió a la indignidad en la que, según ella, se ven algunas chicas que se venden a los turistas a cambio de divisa.
El cordobés acababa de aprovechar su condición de turista, poseedor de divisa, para quedar con una chica de, a penas, veinte y pocos años (el tenía unos cuantos más), por lo que no tuvo más remedio que justificarse diciendo que eso no era indigno. O mejor dicho, que no se refería a ese tipo de dignidad (claro, la que él no tenía).
Debo admitir que sentí un enorme pesar, pues consciente de que el turismo se ha convertido en una perversión para este país, también tengo que reconocer, que es la única forma que tienen de introducir divisa, para soportar el bloqueo económico.
Desde el Morro observamos La Habana, como una estampa digan de recordar, mientras la brisa del mar Caribe soplaba en nuestro rostro.
martes, 14 de septiembre de 2010
sábado, 11 de septiembre de 2010
El sol caribeño temprano calienta.
Primera mañana en La Habana. El jet lag trastocó mi sueño y a las 5 de la mañana andaba ya despierta, deseosa de que saliera el sol.
Las horas de sol son distintas en España y Cuba. Allí suele amanecer, más o menos, a la misma hora, pero tuve la sensación de que anochece antes, de tal modo que a las 21 horas hay una oscuridad similar a la de las 22 o 23 horas nuestras.
Solo habíamos contratado desayuno en el hotel. El buffet era sencillo; fruta, queso (en lonchas), jamón cocido, pan, bizcocho, mantequilla, zumos, café, y nuestro plato preferido, una tortilla cocinada sobre plancha.
Juana, la señora encargada de hacer las tortillas, nos preguntó si éramos jimaguas, que significa mellizas. A partir de este momento fue la pregunta del millón.
A la puerta del hotel siempre había taxis estacionados y taxistas haciendo corrillo. Nada más vernos nos preguntaban:
- ¿Taxi?
- No, gracias.
- ¿Y taxista?
Y nos reíamos todos.
Nuestro primer paseo tuvo una pequeña parada en el Hotel Saint Jonhn's, donde una empleada de la oficina de turismo nos dió unos consejos, mientras le pedíamos un plano de La Habana, que difería bastante de la realidad. Intentó convencernos de que contratásemos un tour por la ciudad, pero queríamos ir por libre.
Caminamos a lo largo de la Avenida 23, prolongación de la Rampa, para llegar al Malecón. El sol calentaba desde temprano, con una sensación térmica muy superior a la de Sevilla, a pesar de que tienen menos temperatura en grados. La cara empezó a empaparse en sudor, y observamos que los cubanos suelen llevar una toalla para limpiarse el sudor de la cara. Tuve que hacerme un moño para resistir, hasta acostumbrarme a esa sensación sudorípera.
Buscábamos, en vano, un paso de peatones, hasta que un simpático vía andante nos comentó que ellos sacaban pecho a los coches, sin más... ¡vamos, que se lanzan al asfalto!
Pasamos al otro lado, y nos sentamos frente al monumento dedicado a Antonio Maceo, líder independentista cubano.
La mayoría de los Cubanos consideran la Revolución como un proceso largo, iniciado con José Martí, del cual la Revolución de 1959 es una etapa de asentamiento, pero no la culminación, pues la Revolución, para ellos, sigue en marcha. Cada decisión que toman lo consideran un paso adelante, para afianzar la revolución.
Sentadas en el Malecón observamos a los pescadores, y los edificios, tantas veces filmados cuando se hacen esos reportajes sobre el mal estado del Malecón, con el objeto de desprestigiar al gobierno cubano.
El malecón está siendo restaurado con la ayuda de extranjeros, parece ser que España participa. Están las obras de restauración bastante adelantadas, en relación a los vídeos e imágenes que la gente pone en youtube o a los reportajes televisivos.
Pasamos de nuevo al otro lado de la calle, tras filmar, como hacen todos, el Malecón. En esto no fuimos originales (en casi nada).
Una pareja de policías nos sacó conversación.
Allí el piropo está a la orden del día... a veces en voz alta, y a veces, tan bajo que no alcanzas a saber que te han dicho, tan solo resuena un eco "linda". O te lanzan un beso aéreo, pescadores, viandantes, conductores de carruaje, policías... no importa el atuendo que les vista.
Son muy ocurrentes... "¿Vas a presentarte al concurso de belleza?"
Las mujeres cubanas miran a sus hombres con condescendencia y nos lazan un gesto empático, como si nos quisieran decir: "La que os queda" o "¡Qué pesados son!"
Por una boca calle llegamos a la Calle Neptuno. Como decimos por aquí, "petada", es decir, llena de gente. Hay muchos puestos de comida rápida, y ellos comen mucho en la calle, así como, puestos de venta de pan y otros productos al público con peso cubano.
También puestos de helado, que les gusta mucho, aunque siempre rememoran una época pasada en la que eran de más calidad, en los años setenta u ochenta, cuando podían mantener relaciones comerciales con la Europa del Este Socialista y la URSS. Hablan de estos años como de los mejores vividos allí, cuando no les faltaba nada.
Nos llamó la atención un pan amarillo que nunca habíamos visto, es pan de huevo. Y otro elemento a destacar son los "escaparates cubanos". Los establecimientos muestran los productos que se pueden adquirir de un modo muy distinto, ya que no existe el reclamo comercial. De modo austero se colocan en fila india, con el precio debajo, sin el más mínimo detalle ornamental que invite al consumo. Solo se coloca una muestra de cada uno de ellos. El resto está guardado. Dan apariencia de escasez crónica, pero si te cuelas en alguno, puedes comprobar que, aunque no en la medida excesiva de nuestros supermercados, tienen productos que pueden comprar para completar la cesta alimenticia y la cartilla de reparto (que no de racionamiento). Algunos productos se pagan en peso y otros en divisa. El asunto de la doble moneda lo trataré más tarde, pues en la actualidad está en debate en la isla.
A cierta altura de Neptuno nos topamos con el primero de los pillos o busca vidas. Es algo que caracteriza al centro histórico de todas las ciudades turísticas, sobre todo, en aquellas donde la picaresca es una característica inherente al hombre. Esto me recordó a mi propia ciudad, con las gitanas lectoras del destino en la mano. Aquí el asunto adquiere un matiz distinto debido a la doble moneda y la diferencia de la divisa.
La tónica general allí es que el pillo se te ofrezca como guía voluntario. Es la primera prueba a superar como novato, y tienes que andarte listo para no sucumbir a sus encantos, si quieres que te llegue el presupuesto hasta el final. Aunque ya sabemos que no todos los presupuestos son iguales, y nosotras pertenecíamos al grupo "del turista mil eurista": De vacaciones en Cuba pero con mi sueldo en España "me como los mocos".
La cosa es que algún que otro mil eurista se olvida de su condición económica real allí, a causa de la diferencia del valor de la moneda. Pero de esto ya hablaré más tarde, como dije.
En nuestro paseo por la Habana Centro y la Habana Vieja encontramos gente muy dispar entre los "busca vidas", que van desde guías voluntarios hasta un jinetero solidario. Un hombre de muy avanzada edad que portaba un cartel de cartón, como si pidiera de comer o dinero. Nos acercamos para leerlo, y para nuestra sorpresa el cartel decía: SEXO GRATIS. Acompañaba al anuncio la lista de servicios sexuales gratuitos, y su reclamo era:
"OTROS CUBANOS COBRARÍAN POR ESTO"
Fue la anécdota graciosa de la mañana. No parábamos de reir.
No son mayoría en la ciudad, y de hecho, solo se concentran en esta parte, la parte turística. Donde saben que conseguirán divisa haciendo gracias al turista, y sugiriendo, alguno de ellos, que este es su único sustento, algo que no es exactamente así.
Atravesamos la Calle Muralla, con partes en muy mal estado, y a medida que te acercas a la Plaza Vieja mejora, por la restauración. En esta calle destacamos otro simpático cartel, esta vez en un taller de reparación. Decía: NO SE HACEN TRABAJOS DOMÉSTICOS, EVITEN LAS MOLESTIAS.
A la entrada de la plaza hay un centro de atención a ancianos. Los ancianos y los niños se consideran una prioridad para los servicios sociales.
Yo vestía una camiseta con una frase en inglés: I LOVE YOU
Y a mi paso, los grupos de hombres sentados en los soportales, me decían en tono burlón y gracioso: "We love you darling". O "Where do yo come from?"
La Plaza Vieja es preciosa, colorida y alegre. Nos tomamos en una cafetería un jugo de melón, que es sandía para ellos.
Un grupo de teatro hace un espectáculo carnavalesco con música y baile, subidos en unos zancos. En esta plaza encontramos un establecimiento de ADIDAS, y otro de Benneton, a punto de abrirse. El problema es que el acceso a sus productos se hace en divisa, y para los cubanos es muy caro, aunque a veces hacen algún esfuerzo, ahorran, y se dan un gusto.
No crean que el cubano va mal vestido, pues son muy mirados con el atuendo, y curiosamente, encuentras zapatos, ropa, y complementos en ellos similares a los nuestros. Observándolos con atención te sorprenderá el hecho de que calcen las mismas sandalias que se venden en España, las cuales adquieren en los mercadillos callejeros. Es cierto que no pueden darse el lujo de invertir tanto en ropa y calzado, pero no están mal provistos, en términos generales. O al menos, del modo que alguna gente cree por aquí.
Hay un centro de arte, donde se exponen pinturas y los autores de estas las venden al turista. Pero lo que más nos gustó de la plaza es la Escuela Primaria Ángela Landa, donde llegamos accidentamente a causa de la rotura de la sandalia de Rosa, que reparó el administrador del colegio, Arturo.
Mientras esperábamos, nos hablaron del inicio del curso, y de cómo en Cuba es una fiesta ese evento. La Plaza se llena de niños, ya que el recreo se desarrolla en ella, y las clases de gimnasia también. Tenían problemas con la provisión de bolígrafos, ya que esto es un bien que escasea en la isla, y nos ofrecimos a comprar en alguna tienda para donarlos, a lo que contestaron sonriendo:
-Es difícil encontrar bolígrafos aquí, ese es el problema, tal vez vendan en una librería en la calle Mercader.
Días más tarde volveríamos al colegio para despedirnos de ellos.
Lo que caracteriza a todos los empleados de la educación es la humildad extrema, el salario del profesor cubano gira en torno a los 400 pesos mensuales. La educación es gratuita desde la primaria hasta la Universidad, y a diferencia de aquí, no suelen carecer de empleos en este sector, solo que muchos de ellos deciden dejar este empleo para trabajar en el sector turístico, ya que es aquí donde abunda la divisa, y por tanto pueden acceder a ella.
Esta situación está impactando negativamente en muchos sectores, y buscar la solución se ha convertido en tarea principal para el gobierno cubano.
Al finalizar la mañana, estábamos extasiadas, la vuelta la hicimos en un coche de caballos, al que subimos tras ser "literalmente" cazadas por un caza turistas, algo que nos sirvió para tomar bellas imágenes del malecón, aunque la aventura nos costó 25 CUC.
Las horas de sol son distintas en España y Cuba. Allí suele amanecer, más o menos, a la misma hora, pero tuve la sensación de que anochece antes, de tal modo que a las 21 horas hay una oscuridad similar a la de las 22 o 23 horas nuestras.
Solo habíamos contratado desayuno en el hotel. El buffet era sencillo; fruta, queso (en lonchas), jamón cocido, pan, bizcocho, mantequilla, zumos, café, y nuestro plato preferido, una tortilla cocinada sobre plancha.
Juana, la señora encargada de hacer las tortillas, nos preguntó si éramos jimaguas, que significa mellizas. A partir de este momento fue la pregunta del millón.
A la puerta del hotel siempre había taxis estacionados y taxistas haciendo corrillo. Nada más vernos nos preguntaban:
- ¿Taxi?
- No, gracias.
- ¿Y taxista?
Y nos reíamos todos.
Nuestro primer paseo tuvo una pequeña parada en el Hotel Saint Jonhn's, donde una empleada de la oficina de turismo nos dió unos consejos, mientras le pedíamos un plano de La Habana, que difería bastante de la realidad. Intentó convencernos de que contratásemos un tour por la ciudad, pero queríamos ir por libre.
Caminamos a lo largo de la Avenida 23, prolongación de la Rampa, para llegar al Malecón. El sol calentaba desde temprano, con una sensación térmica muy superior a la de Sevilla, a pesar de que tienen menos temperatura en grados. La cara empezó a empaparse en sudor, y observamos que los cubanos suelen llevar una toalla para limpiarse el sudor de la cara. Tuve que hacerme un moño para resistir, hasta acostumbrarme a esa sensación sudorípera.
Buscábamos, en vano, un paso de peatones, hasta que un simpático vía andante nos comentó que ellos sacaban pecho a los coches, sin más... ¡vamos, que se lanzan al asfalto!
Pasamos al otro lado, y nos sentamos frente al monumento dedicado a Antonio Maceo, líder independentista cubano.
La mayoría de los Cubanos consideran la Revolución como un proceso largo, iniciado con José Martí, del cual la Revolución de 1959 es una etapa de asentamiento, pero no la culminación, pues la Revolución, para ellos, sigue en marcha. Cada decisión que toman lo consideran un paso adelante, para afianzar la revolución.
Sentadas en el Malecón observamos a los pescadores, y los edificios, tantas veces filmados cuando se hacen esos reportajes sobre el mal estado del Malecón, con el objeto de desprestigiar al gobierno cubano.
El malecón está siendo restaurado con la ayuda de extranjeros, parece ser que España participa. Están las obras de restauración bastante adelantadas, en relación a los vídeos e imágenes que la gente pone en youtube o a los reportajes televisivos.
Pasamos de nuevo al otro lado de la calle, tras filmar, como hacen todos, el Malecón. En esto no fuimos originales (en casi nada).
Una pareja de policías nos sacó conversación.
Allí el piropo está a la orden del día... a veces en voz alta, y a veces, tan bajo que no alcanzas a saber que te han dicho, tan solo resuena un eco "linda". O te lanzan un beso aéreo, pescadores, viandantes, conductores de carruaje, policías... no importa el atuendo que les vista.
Son muy ocurrentes... "¿Vas a presentarte al concurso de belleza?"
Las mujeres cubanas miran a sus hombres con condescendencia y nos lazan un gesto empático, como si nos quisieran decir: "La que os queda" o "¡Qué pesados son!"
Por una boca calle llegamos a la Calle Neptuno. Como decimos por aquí, "petada", es decir, llena de gente. Hay muchos puestos de comida rápida, y ellos comen mucho en la calle, así como, puestos de venta de pan y otros productos al público con peso cubano.
También puestos de helado, que les gusta mucho, aunque siempre rememoran una época pasada en la que eran de más calidad, en los años setenta u ochenta, cuando podían mantener relaciones comerciales con la Europa del Este Socialista y la URSS. Hablan de estos años como de los mejores vividos allí, cuando no les faltaba nada.
Nos llamó la atención un pan amarillo que nunca habíamos visto, es pan de huevo. Y otro elemento a destacar son los "escaparates cubanos". Los establecimientos muestran los productos que se pueden adquirir de un modo muy distinto, ya que no existe el reclamo comercial. De modo austero se colocan en fila india, con el precio debajo, sin el más mínimo detalle ornamental que invite al consumo. Solo se coloca una muestra de cada uno de ellos. El resto está guardado. Dan apariencia de escasez crónica, pero si te cuelas en alguno, puedes comprobar que, aunque no en la medida excesiva de nuestros supermercados, tienen productos que pueden comprar para completar la cesta alimenticia y la cartilla de reparto (que no de racionamiento). Algunos productos se pagan en peso y otros en divisa. El asunto de la doble moneda lo trataré más tarde, pues en la actualidad está en debate en la isla.
A cierta altura de Neptuno nos topamos con el primero de los pillos o busca vidas. Es algo que caracteriza al centro histórico de todas las ciudades turísticas, sobre todo, en aquellas donde la picaresca es una característica inherente al hombre. Esto me recordó a mi propia ciudad, con las gitanas lectoras del destino en la mano. Aquí el asunto adquiere un matiz distinto debido a la doble moneda y la diferencia de la divisa.
La tónica general allí es que el pillo se te ofrezca como guía voluntario. Es la primera prueba a superar como novato, y tienes que andarte listo para no sucumbir a sus encantos, si quieres que te llegue el presupuesto hasta el final. Aunque ya sabemos que no todos los presupuestos son iguales, y nosotras pertenecíamos al grupo "del turista mil eurista": De vacaciones en Cuba pero con mi sueldo en España "me como los mocos".
La cosa es que algún que otro mil eurista se olvida de su condición económica real allí, a causa de la diferencia del valor de la moneda. Pero de esto ya hablaré más tarde, como dije.
En nuestro paseo por la Habana Centro y la Habana Vieja encontramos gente muy dispar entre los "busca vidas", que van desde guías voluntarios hasta un jinetero solidario. Un hombre de muy avanzada edad que portaba un cartel de cartón, como si pidiera de comer o dinero. Nos acercamos para leerlo, y para nuestra sorpresa el cartel decía: SEXO GRATIS. Acompañaba al anuncio la lista de servicios sexuales gratuitos, y su reclamo era:
"OTROS CUBANOS COBRARÍAN POR ESTO"
Fue la anécdota graciosa de la mañana. No parábamos de reir.
No son mayoría en la ciudad, y de hecho, solo se concentran en esta parte, la parte turística. Donde saben que conseguirán divisa haciendo gracias al turista, y sugiriendo, alguno de ellos, que este es su único sustento, algo que no es exactamente así.
Atravesamos la Calle Muralla, con partes en muy mal estado, y a medida que te acercas a la Plaza Vieja mejora, por la restauración. En esta calle destacamos otro simpático cartel, esta vez en un taller de reparación. Decía: NO SE HACEN TRABAJOS DOMÉSTICOS, EVITEN LAS MOLESTIAS.
A la entrada de la plaza hay un centro de atención a ancianos. Los ancianos y los niños se consideran una prioridad para los servicios sociales.
Yo vestía una camiseta con una frase en inglés: I LOVE YOU
Y a mi paso, los grupos de hombres sentados en los soportales, me decían en tono burlón y gracioso: "We love you darling". O "Where do yo come from?"
La Plaza Vieja es preciosa, colorida y alegre. Nos tomamos en una cafetería un jugo de melón, que es sandía para ellos.
Un grupo de teatro hace un espectáculo carnavalesco con música y baile, subidos en unos zancos. En esta plaza encontramos un establecimiento de ADIDAS, y otro de Benneton, a punto de abrirse. El problema es que el acceso a sus productos se hace en divisa, y para los cubanos es muy caro, aunque a veces hacen algún esfuerzo, ahorran, y se dan un gusto.
No crean que el cubano va mal vestido, pues son muy mirados con el atuendo, y curiosamente, encuentras zapatos, ropa, y complementos en ellos similares a los nuestros. Observándolos con atención te sorprenderá el hecho de que calcen las mismas sandalias que se venden en España, las cuales adquieren en los mercadillos callejeros. Es cierto que no pueden darse el lujo de invertir tanto en ropa y calzado, pero no están mal provistos, en términos generales. O al menos, del modo que alguna gente cree por aquí.
Hay un centro de arte, donde se exponen pinturas y los autores de estas las venden al turista. Pero lo que más nos gustó de la plaza es la Escuela Primaria Ángela Landa, donde llegamos accidentamente a causa de la rotura de la sandalia de Rosa, que reparó el administrador del colegio, Arturo.
Mientras esperábamos, nos hablaron del inicio del curso, y de cómo en Cuba es una fiesta ese evento. La Plaza se llena de niños, ya que el recreo se desarrolla en ella, y las clases de gimnasia también. Tenían problemas con la provisión de bolígrafos, ya que esto es un bien que escasea en la isla, y nos ofrecimos a comprar en alguna tienda para donarlos, a lo que contestaron sonriendo:
-Es difícil encontrar bolígrafos aquí, ese es el problema, tal vez vendan en una librería en la calle Mercader.
Días más tarde volveríamos al colegio para despedirnos de ellos.
Lo que caracteriza a todos los empleados de la educación es la humildad extrema, el salario del profesor cubano gira en torno a los 400 pesos mensuales. La educación es gratuita desde la primaria hasta la Universidad, y a diferencia de aquí, no suelen carecer de empleos en este sector, solo que muchos de ellos deciden dejar este empleo para trabajar en el sector turístico, ya que es aquí donde abunda la divisa, y por tanto pueden acceder a ella.
Esta situación está impactando negativamente en muchos sectores, y buscar la solución se ha convertido en tarea principal para el gobierno cubano.
Al finalizar la mañana, estábamos extasiadas, la vuelta la hicimos en un coche de caballos, al que subimos tras ser "literalmente" cazadas por un caza turistas, algo que nos sirvió para tomar bellas imágenes del malecón, aunque la aventura nos costó 25 CUC.
viernes, 10 de septiembre de 2010
La sociedad y su paisaje (II)
Ahora entro en materia y explico la razón del título. En geografía se estudia el modo en que cada sociedad se refleja en su paisaje (La imagen de la ciudad). Y esto es una realidad aplastante cuando los modos sociales difieren tanto como lo hacen el capitalista y el socialista.
La diferencia de los paisajes urbanos explica la concepción que uno mismo tiene de las cosas que ve, de acuerdo al modo en que alcance a analizar los signos sociales en la urbe.
Lo primero que llama la atención al llegar allí es la oscuridad en las calles. Las zonas iluminadas lo están de un modo muy racionalizado, lo que se traduce en poca luz. Al principio te cuesta trabajo adivinar el rostro de la gente, pero al pasar un par de días te acostumbras a ver en ese nivel de luz, y caminas con la misma tranquilidad que lo hacen los cubanos, y sintiéndote segura de no estar en peligro, debido a la enorme seguridad que hay, de la que adolecemos en otros lugares del mundo.
Hablo de la luz nocturna porque era de noche cuando llegamos al Vedado. Vedado significa "prohibido", y he escuchado dos versiones sobre el origen, de modo que los que sepan más que yo, no duden en aclarar. Una de ellas habla de que ésta era una zona que constituía la parcela de un conde (el Conde de Pozos Dulces), y que estaba "vedada" al resto. Y la otra se decanta por la prohibición de talar sus árboles.
El barrio pertenece al municipio Plaza de la Revolución. El Hotel en que nos hospedamos es modesto, aunque tuvo que tener mucha solera en algún tiempo pasado. Un mural recuerda a algunos de sus huéspedes ilustres entre los que destacan a Ramón Castro, Salvador Allende o Camilo Cienfuegos. La habitación cuesta entre 50 y 30 CUC la noche, dependiendo de la temporada. Muy limpia.
Delante del hotel se despliega La Rampa, gran avenida, llena de vida, y justo frente a su puerta se alzan bloques de viviendas familiares, de corte obrero, de color rosa y blanco. La tónica general externa de las fachadas habaneras es la falta de pintura, ya que la pintura es un producto caro para ellos. Los materiales para la reconstrucción y reparación de edificios son, en general, caros para adquirirlos allí. Sin embargo hay diferencias por pisos o viviendas, así hay algunos pintados y perfectamente cuidados, y otros más descuidados.
La calle O es una calle estrecha, y ruidosa. El paisaje urbano se define por la austeridad comercial, y el derroche humano. Tal vez sea esta austeridad comercial lo que lleva a muchos turistas a pensar de modo falso que el cubano es "un muerto de hambre", porque hay una falta evidente de escaparates voluptuosos y luminosos comerciales que te invitan al consumo.
Las vallas anunciantes se usan para dar mensajes al pueblo, o para recordar frases históricas de lucha y resistencia. Donde aquí te ponen "Yo no soy tonto", allí encuentras "Todo por la Revolución" "Patria o Muerte o "Hasta la victoria siempre".
Este hecho ha llevado a algunos a pensar que se abusa de la propaganda política. En este aspecto hay gustos para todos, pero entre "Yo no soy tonto" (para venderte productos electrónicos que resultan estar en mal estado en algún caso que otro) y "Patria o Muerte" que refleja de modo fiel la realidad en la que vive el pueblo cubano que se enfrenta con gran dignidad a las agresiones del Sherif mundial, me quedo con lo segundo.
En el paisaje destaca la tranquilidad y sosiego del cubano, que jamás pierde los nervios, por nada del mundo, y la musicalidad de su entonación.
Hay mucha gente en la calle, y muchos niños, que en ningún caso tienen aspecto desnutrido o de estar mal alimentados.
El cubano es un gran hablador, y es habitual encontrar corros de personas conversando sobre sus problemas diarios, o gente sentada, simplemente al quicio de la puerta, o en la terraza. Punto de encuentro de jóvenes habaneros es el Malecón, donde se concentran todas estas prácticas descritas, pero esto lo contaré en otra entrega.
La diferencia de los paisajes urbanos explica la concepción que uno mismo tiene de las cosas que ve, de acuerdo al modo en que alcance a analizar los signos sociales en la urbe.
Lo primero que llama la atención al llegar allí es la oscuridad en las calles. Las zonas iluminadas lo están de un modo muy racionalizado, lo que se traduce en poca luz. Al principio te cuesta trabajo adivinar el rostro de la gente, pero al pasar un par de días te acostumbras a ver en ese nivel de luz, y caminas con la misma tranquilidad que lo hacen los cubanos, y sintiéndote segura de no estar en peligro, debido a la enorme seguridad que hay, de la que adolecemos en otros lugares del mundo.
Hablo de la luz nocturna porque era de noche cuando llegamos al Vedado. Vedado significa "prohibido", y he escuchado dos versiones sobre el origen, de modo que los que sepan más que yo, no duden en aclarar. Una de ellas habla de que ésta era una zona que constituía la parcela de un conde (el Conde de Pozos Dulces), y que estaba "vedada" al resto. Y la otra se decanta por la prohibición de talar sus árboles.
El barrio pertenece al municipio Plaza de la Revolución. El Hotel en que nos hospedamos es modesto, aunque tuvo que tener mucha solera en algún tiempo pasado. Un mural recuerda a algunos de sus huéspedes ilustres entre los que destacan a Ramón Castro, Salvador Allende o Camilo Cienfuegos. La habitación cuesta entre 50 y 30 CUC la noche, dependiendo de la temporada. Muy limpia.
Delante del hotel se despliega La Rampa, gran avenida, llena de vida, y justo frente a su puerta se alzan bloques de viviendas familiares, de corte obrero, de color rosa y blanco. La tónica general externa de las fachadas habaneras es la falta de pintura, ya que la pintura es un producto caro para ellos. Los materiales para la reconstrucción y reparación de edificios son, en general, caros para adquirirlos allí. Sin embargo hay diferencias por pisos o viviendas, así hay algunos pintados y perfectamente cuidados, y otros más descuidados.
La calle O es una calle estrecha, y ruidosa. El paisaje urbano se define por la austeridad comercial, y el derroche humano. Tal vez sea esta austeridad comercial lo que lleva a muchos turistas a pensar de modo falso que el cubano es "un muerto de hambre", porque hay una falta evidente de escaparates voluptuosos y luminosos comerciales que te invitan al consumo.
Las vallas anunciantes se usan para dar mensajes al pueblo, o para recordar frases históricas de lucha y resistencia. Donde aquí te ponen "Yo no soy tonto", allí encuentras "Todo por la Revolución" "Patria o Muerte o "Hasta la victoria siempre".
Este hecho ha llevado a algunos a pensar que se abusa de la propaganda política. En este aspecto hay gustos para todos, pero entre "Yo no soy tonto" (para venderte productos electrónicos que resultan estar en mal estado en algún caso que otro) y "Patria o Muerte" que refleja de modo fiel la realidad en la que vive el pueblo cubano que se enfrenta con gran dignidad a las agresiones del Sherif mundial, me quedo con lo segundo.
En el paisaje destaca la tranquilidad y sosiego del cubano, que jamás pierde los nervios, por nada del mundo, y la musicalidad de su entonación.
Hay mucha gente en la calle, y muchos niños, que en ningún caso tienen aspecto desnutrido o de estar mal alimentados.
El cubano es un gran hablador, y es habitual encontrar corros de personas conversando sobre sus problemas diarios, o gente sentada, simplemente al quicio de la puerta, o en la terraza. Punto de encuentro de jóvenes habaneros es el Malecón, donde se concentran todas estas prácticas descritas, pero esto lo contaré en otra entrega.
La sociedad y su paisaje (I)
Tal vez os esteis preguntando la razón que me lleva a dar este nombre a la siguiente entrega. Sin embargo, fue esta la primera idea que asaltó mi mente al llegar a La Habana.
Sobre el vuelo no hay mucho que decir, aquellos que han cruzado el charco en avión saben que las nueves horas se hacen muy pesadas. En la cabina se acumulan olores y, sobretodo, cansancio, palpable en el ambiente.
Del trayecto quedan dos anécdotas para el recuerdo.
La primera se produjo en el aeropuerto de Madrid, en la T4. Una pareja se idolatraba mutuamente ante la cabina que da acceso a las puertas de embarque, mientras la autoridad competente revisaba su documentación. Frente a las atónitas miradas de todos el joven policía fijó sus ojos, con dureza, en los ojos del presunto enamorado, y con voz seca, agregó:
_ ¿Sabe usted que tiene una orden de alejamiento de esta señorita?
Y apuntó a la mujer.
Él se lo tomó con tal naturalidad que incluso daba miedo, y trató de explicar al joven policía su situación con la mujer, con bastante "guapería", que diría un cubano.
_ Ya, pero caducó el día 15... ¿no?
Fueron retenidos, y nosotras pasamos, de modo que no os puedo contar el resto de la terrible historia "De amor y de ostias"
La segunda sucedió en el vuelo, y la protagoniza mi hermana, a quien suelen pasar las cosas más dispares.
En los vuelos transoceánicos te ponen dos comidas: almuerzo y merienda o cena y desayuno.
Tras el almuerzo, de pasta y tomate, que deshacía el estómago, mi hermana, a quien a partir de ahora llamaré "mi jimagua", se dispuso a acudir al baño para lavarse los dientes. A la vuelta traía la cara un poco arrugada... y yo le pregunté...
_¿Te ha pasado algo?
Entonces se sentó a mi lado, y con el salero que la caracteriza, me dijo.
_¿Cuantas posibilidades hay de ir al baño de un avión, abrir la puerta, y encontrarte a un tío cagando?
De repente estalló la risa de ambas, cuando relató cómo después de abrir la puerta en pleno apogeo, tuvo que hacer de tripas corazón, y encerrarse en ese medio sarcófago que hace las veces de baño para aguantar la respiración mientras se lavaba los dientes.
El joven había olvidado poner el seguro a la puerta.
A las 20.30 en La Habana, el avión aterrizó sobre la Perla del Caribe, siendo mi primera imagen un pequeño cúmulo luminoso que se dispersaba al acercarnos.
El aeropuerto internacional José Martí está situado a 18 km de La Habana, en el municipio de Rancho Boyeros.
No es muy grande, y a pesar de que, mi gran amigo Tomas Caballero, me advirtió que se nos haría largo el proceso de paso por extranjería para el sellado de visados, finalmente no me resultó tan pesado, y tuvimos la suerte de colocarnos en la cola adecuada, pues ya sabeis, los que habeis hecho cola en alguna ocasión, algo que no es ajeno al españolito de a pié, que hay colas y colas.
El techo del aeropuerto está adornado con banderas, y el colorido es lo primero que salta a la vista. No hubo problemas para encontrar el equipaje, debido al excelente servicio prestado por el personal aeroportuario, y en general, fue más rápido de lo que imaginé a priori, de acuerdo a los relatos de otros viajeros.
Lo primero es cambiar moneda en CUC o peso convertible, que equivale a 0'85 EUR. Como norma de seguridad establecen que solo puede estar en la caja una persona, y la siguiente debe situarse a una distancia prudencial.
Ya en el aeropuerto nos hablaron del deber de todo turista recién llegado de visitar La Casa de la Música, donde los cubanos acuden a "romper cintura" (palabras textuales), y Tropicana, lo que me hizo reir al acordarme de Tomás.
En las puertas del aeropuerto nos vimos arrastradas a un taxi, negro y amarillo, cuyo conductor no puso el cuenta kilómetros, algo que se convertiría en una tradición durante nuestra estancia, aunque Rafael nos aclaró que tienen la obligación de hacerlo.
El hombre nos preguntó si nos molestaba la música, y le dijimos que no, lo que tuvo como consecuencia conocer el volumen musical cubano, que a Rafael Migueles tanto disgusta.
Como si marchásemos en un taxi discoteca, y haciendo esfuerzos por escuchar nuestras voces y la del taxista, quien en lugar de bajar la música para hablarnos, alzaba la voz, emprendimos camino al Hotel Vedado, en el barrio del Vedado, conocido por una gran mayoría de nosotros a través del grupo Orishas.
Hago un pequeño paréntesis para comentar los pormenores automovolísticos, en unos carros sesenteros o setenteros, cuyas piezas se conservan muchas veces con gran dificultad, debido al espfuerzo económico que supone para los cubanos renovar la plantilla automovilística. Más adelante comentaré de los coches.
http://www.youtube.com/watch?v=meyxOHl2wnI
Sobre el vuelo no hay mucho que decir, aquellos que han cruzado el charco en avión saben que las nueves horas se hacen muy pesadas. En la cabina se acumulan olores y, sobretodo, cansancio, palpable en el ambiente.
Del trayecto quedan dos anécdotas para el recuerdo.
La primera se produjo en el aeropuerto de Madrid, en la T4. Una pareja se idolatraba mutuamente ante la cabina que da acceso a las puertas de embarque, mientras la autoridad competente revisaba su documentación. Frente a las atónitas miradas de todos el joven policía fijó sus ojos, con dureza, en los ojos del presunto enamorado, y con voz seca, agregó:
_ ¿Sabe usted que tiene una orden de alejamiento de esta señorita?
Y apuntó a la mujer.
Él se lo tomó con tal naturalidad que incluso daba miedo, y trató de explicar al joven policía su situación con la mujer, con bastante "guapería", que diría un cubano.
_ Ya, pero caducó el día 15... ¿no?
Fueron retenidos, y nosotras pasamos, de modo que no os puedo contar el resto de la terrible historia "De amor y de ostias"
La segunda sucedió en el vuelo, y la protagoniza mi hermana, a quien suelen pasar las cosas más dispares.
En los vuelos transoceánicos te ponen dos comidas: almuerzo y merienda o cena y desayuno.
Tras el almuerzo, de pasta y tomate, que deshacía el estómago, mi hermana, a quien a partir de ahora llamaré "mi jimagua", se dispuso a acudir al baño para lavarse los dientes. A la vuelta traía la cara un poco arrugada... y yo le pregunté...
_¿Te ha pasado algo?
Entonces se sentó a mi lado, y con el salero que la caracteriza, me dijo.
_¿Cuantas posibilidades hay de ir al baño de un avión, abrir la puerta, y encontrarte a un tío cagando?
De repente estalló la risa de ambas, cuando relató cómo después de abrir la puerta en pleno apogeo, tuvo que hacer de tripas corazón, y encerrarse en ese medio sarcófago que hace las veces de baño para aguantar la respiración mientras se lavaba los dientes.
El joven había olvidado poner el seguro a la puerta.
A las 20.30 en La Habana, el avión aterrizó sobre la Perla del Caribe, siendo mi primera imagen un pequeño cúmulo luminoso que se dispersaba al acercarnos.
El aeropuerto internacional José Martí está situado a 18 km de La Habana, en el municipio de Rancho Boyeros.
No es muy grande, y a pesar de que, mi gran amigo Tomas Caballero, me advirtió que se nos haría largo el proceso de paso por extranjería para el sellado de visados, finalmente no me resultó tan pesado, y tuvimos la suerte de colocarnos en la cola adecuada, pues ya sabeis, los que habeis hecho cola en alguna ocasión, algo que no es ajeno al españolito de a pié, que hay colas y colas.
El techo del aeropuerto está adornado con banderas, y el colorido es lo primero que salta a la vista. No hubo problemas para encontrar el equipaje, debido al excelente servicio prestado por el personal aeroportuario, y en general, fue más rápido de lo que imaginé a priori, de acuerdo a los relatos de otros viajeros.
Lo primero es cambiar moneda en CUC o peso convertible, que equivale a 0'85 EUR. Como norma de seguridad establecen que solo puede estar en la caja una persona, y la siguiente debe situarse a una distancia prudencial.
Ya en el aeropuerto nos hablaron del deber de todo turista recién llegado de visitar La Casa de la Música, donde los cubanos acuden a "romper cintura" (palabras textuales), y Tropicana, lo que me hizo reir al acordarme de Tomás.
En las puertas del aeropuerto nos vimos arrastradas a un taxi, negro y amarillo, cuyo conductor no puso el cuenta kilómetros, algo que se convertiría en una tradición durante nuestra estancia, aunque Rafael nos aclaró que tienen la obligación de hacerlo.
El hombre nos preguntó si nos molestaba la música, y le dijimos que no, lo que tuvo como consecuencia conocer el volumen musical cubano, que a Rafael Migueles tanto disgusta.
Como si marchásemos en un taxi discoteca, y haciendo esfuerzos por escuchar nuestras voces y la del taxista, quien en lugar de bajar la música para hablarnos, alzaba la voz, emprendimos camino al Hotel Vedado, en el barrio del Vedado, conocido por una gran mayoría de nosotros a través del grupo Orishas.
Hago un pequeño paréntesis para comentar los pormenores automovolísticos, en unos carros sesenteros o setenteros, cuyas piezas se conservan muchas veces con gran dificultad, debido al espfuerzo económico que supone para los cubanos renovar la plantilla automovilística. Más adelante comentaré de los coches.
http://www.youtube.com/watch?v=meyxOHl2wnI
martes, 17 de agosto de 2010
El sueño del Malecón

Quedan, tan solo, siete días para partir y dar inicio a mi aventura habanera.
Cuando hablo de cumplir sueños, no lo hago de modo figurado, pues yo realmente he soñado muchas veces con que llegaba a La Habana, solo que lo hacía en barco, y me encontraba con el Malecón visto desde el mar.
Siempre coincidían estos sueños con etapas de estrés debidas al trabajo o los estudios, por lo que el sueño constituía la liberación de mi espíritu a través del Mar Caribe. Un día lo comenté con mi hermana, y compañera de viaje, y resultó que ella también había tenido este sueño. Por ello, nada más comprar el vuelo, nos hicimos a la tarea de buscar alojamiento cerca del Malecón.
Barajamos la posibilidad de alquilar vivienda o alojarnos en hotel, y optamos por lo segundo, por la comodidad de que incluía desayuno, y al menos nos olvidamos de la 1ª comida del día...
Días más tarde, cuando ya todo estaba resuelto, volví a soñar con que viajaba a La Habana, pero no en barco, sino en avión, como será en la realidad.
Pero como los sueños son incompresibles y están llenos de símbolos que desconocemos, al despertar y pensar en ello, me di cuenta de que había varios elementos que convertían el sueño en abstracto y casi Daliliano.
Por ejemplo, si bien, acabo de decir que el viaje lo realizaba en avión, sin embargo, el lugar donde embarcaba no era el aeropuerto, sino la estación de autobuses de Sevilla, situada en el Prado de San Sebastián.
Luego durante el sueño me veía caminando largas jornadas por una ciudad que no parecía La Habana, y que tenía aspecto medieval, algo parecida a Granada. Tras la larga caminata nos encontrábamos de regreso, saliendo de nuevo por la puerta en forma de arco de la estación de autobuses, y comentando con angustia que habíamos olvidado pasear por el Malecón.
lunes, 9 de agosto de 2010
LA TURISTA CALVA

Cuando pensaba que todo mi sin vivir había acabado vienen los controladores aéreos a anunciar que probablemente harán huelga a partir del 22 de Agosto (partiendo yo el 23).
Ay mísero de mí...
Desde la semana pasada estoy escuchando posibles fechas, y he estado cruzando los dedos de las manos y de los pies para que no coincidiera con mi partida.
Y ahora leo en algunos sitios reivindicativos que debemos solidarizarnos con ellos, cuando gano 800 Euros al mes, y con ese sueldo imaginareis que no es fácil ahorrar dinero para unas vacaciones Habaneras.
Y es que mi suerte es caprichosa... decido comprar una entrada para ir a ver, por primera vez en mi vida, a U2 en concierto, y resulta, que la primera huelga a nivel europeo que realizan las organizaciones obreras se convoca el mismo día del concierto, lo que me lleva a una situación confusa, pues por un lado, estoy completamente de acuerdo con las razones, necesidad y convocatoria de la movilización europea, y pretendo secundarla, y por otra parte, he invertido una cantidad bastante elevada en dicho evento, que obviamente no me será devuelto de ninguna manera, ya que no es culpa de los U2 que haya huelga general. ¡Con la de días que había podía no haberse dado esta coincidencia... pero a mí se me dio!
Casi tenía asumida esa fatal coincidencia cuando, de repente, me encuentro con ésta segunda convocatoria, también coincidente con mi viaje soñado. Y me digo yo...
"¡Joder! Siempre me toca a mí"
Y me veo mirando todos los días las noticias, para ver si el guapete ese del sindicato de controladores dice de una vez por todas el día que han elegido. Solo le pido a Superman (como diría Homer Simpson) que lo hagan después del 23... que si me tengo que quedar en La Habana unos días más, por mi encantada... pero que no me den la ida...
Cuando tan solo me quedan unos 10 diaz para partir me encuentro con un nuevo motivo de intranquilidad que turba mi sueño. Por ello estoy pensando que seguramente llegaré a La Habana calva... pues se me está cayendo el pelo con tanto estrés.
Ay mísero de mí...
Desde la semana pasada estoy escuchando posibles fechas, y he estado cruzando los dedos de las manos y de los pies para que no coincidiera con mi partida.
Y ahora leo en algunos sitios reivindicativos que debemos solidarizarnos con ellos, cuando gano 800 Euros al mes, y con ese sueldo imaginareis que no es fácil ahorrar dinero para unas vacaciones Habaneras.
Y es que mi suerte es caprichosa... decido comprar una entrada para ir a ver, por primera vez en mi vida, a U2 en concierto, y resulta, que la primera huelga a nivel europeo que realizan las organizaciones obreras se convoca el mismo día del concierto, lo que me lleva a una situación confusa, pues por un lado, estoy completamente de acuerdo con las razones, necesidad y convocatoria de la movilización europea, y pretendo secundarla, y por otra parte, he invertido una cantidad bastante elevada en dicho evento, que obviamente no me será devuelto de ninguna manera, ya que no es culpa de los U2 que haya huelga general. ¡Con la de días que había podía no haberse dado esta coincidencia... pero a mí se me dio!
Casi tenía asumida esa fatal coincidencia cuando, de repente, me encuentro con ésta segunda convocatoria, también coincidente con mi viaje soñado. Y me digo yo...
"¡Joder! Siempre me toca a mí"
Y me veo mirando todos los días las noticias, para ver si el guapete ese del sindicato de controladores dice de una vez por todas el día que han elegido. Solo le pido a Superman (como diría Homer Simpson) que lo hagan después del 23... que si me tengo que quedar en La Habana unos días más, por mi encantada... pero que no me den la ida...
Cuando tan solo me quedan unos 10 diaz para partir me encuentro con un nuevo motivo de intranquilidad que turba mi sueño. Por ello estoy pensando que seguramente llegaré a La Habana calva... pues se me está cayendo el pelo con tanto estrés.
viernes, 6 de agosto de 2010
DE TÓPICOS Y OTRAS GUISAS.


Desde que hice pública nuestra intención de visitar la tierra soñada, la sede caribeña del socialismo, y, al mismo tiempo, la patria donde nacieron Martí, Fidel y Raul, o donde Ernesto Che Guevara se consolidó como el guerrillero heroico que todos añoramos y admiramos, muchas son las personas que nos han aconsejado amablemente, para que podamos preparar nuestra visita.
Aquí me encuentro con la obligación de mencionar a Tomas Caballero, quien me ha ayudado mucho desde el comienzo con los preparativos, a través de sus consejos, pues tiene en La Habana su segunda casa, y su corazón.
Es Español, de Madrid, pero ama a Cuba como si hubiera nacido allí mismo.
Además de él, cada vez que he hablado con alguien que haya tenido la dicha antes que yo, no ha dudado en indicarme que cosas nos han de ocurrir al llegar a la isla. Todo sumado a la colección de consejos que se acumulan en las web de turismo en Cuba que existen en la red.
A través de los relatos de viajeros conocidos y desconocidos, así como, de los comentarios de las guías de turismo, he podido observar cómo existen un buen número de anécdotas, que más bien parecen tópicos que realidades.
De tal modo, en algunas guías de turismo editadas en nuestro país nos describen a los cubanos y las cubanas como gente apasionada, abierta, y deseosa de "cortejar" a los visitantes que llegan a la isla, debido a que esto forma parte de su carácter. Es, para ellos, algo incluido entre los diversos atractivos de la isla. Y los aseguran de este modo: "Nada más bajar del avión encontrará un cubano/a esperándole"
Está claro que el aeropuerto debe estar lleno de cubanos que trabajan allí...
Estas insinuaciones se convierten en una gran fantasía para muchos y muchas quienes, nada más oir que vamos dos chicas solas de viaje a La Habana, hacen comentarios del tipo...
-¡Ahhhhh! Cuidado con los cubanos...
o
- Turismo sexual ehhhhhhhhhhh!!!!!
Y aquellos que ya han estado (no todos, me refiero a algunas personas, como es lógico) van más lejos, y afirman que durante su estancia, fue tal el cortejo que recibieron que, incluso, les resultaba pesado.
Curiosamente nadie se volvió de Cuba sin comerse un rosco...¡qué cosas!
Lo que más llama la atención es que la mayoría de estos individuos afirma que su cubano/a era un bellezón, muchos años menor que ellos/as, mulato/a, cultísimo e inteligente, trabajando en el sector servicios, algo que les sorprende muchísimo, aún sabiendo que allí la educación es gratuita y que el acceso a los estudios superiores no es un fenómeno extraño en Cuba, sino mayoritario. Y comentan, aquellos que ven con malos ojos el socialismo cubano.
-¡Qué lástima, licenciado en derecho y trabaja de camarero en un hotel!
Soprendentemente estas personas no tienen la menor idea sobre donde trabajan los licenciados españoles, los cuales nos diferenciamos de los cubanos en el hecho concreto de que nuestras carreras nos han costado una suma elevada de dinero, y que hemos tenido que pagar cada título que tenemos, y con todo ello, muchos hemos acabado trabajando también de camareros/as, o de promotoras y azafatas de congreso por un sueldo irrisorio, o repartidos por las cientos de ETT que conforman nuestro sistema laboral, sin derechos de ninguna clase, y a lo peor en el paro.
Y es que el tópico es muy recurrente en nuestras vidas. Si te vas a Suecia o a Alemania con tu hermana o una amiga a nadie se le ocurre decirte: "Ten cuidado con los alemanes, o con los suecos". Allí son ellos los que tendrán que temernos...
¿Qué dirán los suecos de los españoles?
Otra cosa que me ha llamado la atención, sobre todo, en las guías editadas para España, es como éstas olvidan, a veces, cual es nuestro lugar en el mundo, y te advierten sobre cosas que podrían, bien, sorprender a un sueco o a un alemán, pero nunca a un español.
Cuando se refieren a la impuntualidad del cubano... pero ¿es la puntualidad un rasgo característico en España?
O cuando hablan del trasnporte público, y lo describen como masificado, lento, no puntual. En España, a excepción de las ciudades grandes que cuentan con metro, el transporte público no es ninguna maravilla.
El día que leí, precisamente, este comentario en un sitio web, tuve que esperar el autobús que me lleva a casa desde el trabajo durante más de media hora.
Mi barrio, el Parque Alcosa, y si alguien lo conoce puede afirmar la certeza de lo que aquí digo, solo tiene un línea de autobús que conecta el barrio con el centro de modo directo, y si bien desde hace unos años hasta hoy está decente, y solo tenemos que esperar durante más de media hora un par de días a la semana, y el resto, viene más o menos regularmente cada 15 minutos, si no llueve o hay algún evento grande en la ciudad, aún tengo recuerdos de mi infancia, adolescencia e incluso juventud de aquellos años cuando salir del barrio era una Misión Imposible.
Por aquellos tiempos los ayuntamientos de España donaban autobuses a Cuba en solidaridad con la isla, y en mi barrio solíamos decir que los nuestros eran los que Cuba donaba a España posteriormente.
Subir a un autobús de mi barrio requería destreza, para no quedarte en tierra, y saberte colocar en el interior para buscar un hueco por el que respirar. La mayoría de las veces, en hora punta, parecíamos calcamonías en las ventanas, despertando las risas de los conductores de coches privados.
Cuando le comenté a mi hermana lo que había leido sobre los autobuses habaneros, ambas soltamos una carcajada, y ella exclamó: ¡Si hemos sobrevivido al autobús de Alcosa, no hay guagua que se nos resista!
Son muchos los tópicos que tendré que analizar cuando esté por allí, en mi tarea de acabar con tópicos y otras guisas, y que por su puesto, compartiré con vosotros en mis futuras entregas de el anecdotario o Cuaderno de Viajes.
SALUD, REPÚBLICA Y SOCIALISMO!
AÑADIDO POSTERIOR:
http://www.20minutos.es/noticia/259665/0/autobuses/alcosa/torreblanca/
La foto de arriba corresponde al autobús de Alcosa.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)